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Maquinaria de construcción y minería: cómo controlar el calor cuando la operación no puede detenerse

24 ago
22 min de lectura
Cargadora en operación
Cargadora en operación

Una máquina puede trabajar correctamente y aun así estar acumulando demasiado calor


Cuando una excavadora, un cargador frontal o un equipo minero comienza la jornada, normalmente no hay nada que indique que existe un problema. El motor trabaja, los sistemas hidráulicos responden, la máquina se desplaza y el operador puede realizar su trabajo con normalidad.


Pero conforme pasan las horas, la situación puede cambiar.


El motor lleva tiempo funcionando, las bombas hidráulicas han realizado cientos o miles de ciclos, la transmisión ha estado sometida a carga y el aceite ha circulado continuamente por el sistema. Todo ese trabajo genera calor. Mientras el sistema de enfriamiento pueda sacarlo de la máquina con suficiente rapidez, la operación continúa dentro de condiciones normales.


El problema aparece cuando el calor comienza a acumularse más rápido de lo que el sistema puede disiparlo.


Esto puede suceder por diferentes razones. Una temperatura ambiente elevada reduce la capacidad del sistema para entregar calor al exterior. El polvo y la suciedad pueden dificultar el paso del aire por los intercambiadores. Una carga de trabajo mayor puede hacer que los sistemas hidráulicos generen más calor. También puede existir un problema de caudal, un ventilador que no trabaja correctamente, un intercambiador deteriorado o simplemente un sistema que ya no tiene suficiente capacidad para las condiciones actuales de operación.


Por eso, encontrar una temperatura elevada no siempre significa que la máquina tenga una falla mecánica.


En ocasiones, el problema está en cómo está siendo manejado el calor que genera durante el trabajo.


Y esto es particularmente importante en construcción y minería, donde una máquina puede permanecer trabajando durante muchas horas, bajo carga y en ambientes donde el polvo, la temperatura y las condiciones del terreno hacen que el trabajo del sistema de enfriamiento sea mucho más exigente.


Controlar la temperatura significa asegurarse de que el calor que genera la máquina durante el trabajo pueda disiparse continuamente, aun cuando las condiciones de operación sean exigentes.


No se trata de mantener la máquina fría por el simple hecho de estar fría. Se trata de mantener sus diferentes sistemas dentro de las condiciones de temperatura para las que fueron diseñados.


¿De dónde viene todo ese calor?

Para entender por qué una máquina puede comenzar a trabajar con una temperatura normal y terminar la jornada con problemas, primero hay que mirar qué sucede dentro de ella.


El motor es, naturalmente, una de las principales fuentes de calor. La combustión produce temperaturas muy elevadas y, aunque gran parte de esa energía se transforma en trabajo, otra parte debe ser retirada mediante el sistema de enfriamiento. Por eso encontramos radiadores, ventiladores y otros componentes encargados de mantener el motor dentro de su rango de operación.


Pero el motor no es el único responsable.


En una excavadora, por ejemplo, el sistema hidráulico puede estar trabajando prácticamente durante toda la jornada. Las bombas envían aceite a presión hacia cilindros y motores hidráulicos que permiten mover el brazo, el cucharón, la pluma y el sistema de giro. Cada vez que la máquina realiza uno de estos movimientos existen pérdidas que terminan convirtiéndose en calor.


Lo mismo ocurre con las válvulas, restricciones, tuberías y demás componentes del circuito. El aceite tiene que circular, cambiar de dirección, atravesar diferentes elementos y trabajar bajo presión. Una parte de la energía utilizada para mover ese aceite termina elevando su temperatura.


Algo similar sucede en la transmisión. Engranajes, convertidores, embragues y otros componentes tienen pérdidas internas que también generan calor. En determinadas máquinas, además, existen sistemas de lubricación o frenos que utilizan aceite y que deben mantener su temperatura bajo control.


Por eso, cuando hablamos de la temperatura de una máquina pesada, conviene dejar de pensar únicamente en el motor.


Hay varios sistemas trabajando al mismo tiempo y varios de ellos están generando calor.

La cantidad y la forma en que se genera ese calor dependen de la máquina y de lo que esté haciendo.


Una excavadora que permanece realizando ciclos intensivos de carga durante horas no se comporta térmicamente igual que una máquina que trabaja de manera intermitente. Un camión minero cargado circulando continuamente por una pendiente tampoco enfrenta las mismas condiciones que cuando se desplaza sin carga.


Y ahí está una de las razones por las que no existe una única solución de enfriamiento para toda la maquinaria de construcción y minería.


Cada máquina tiene una combinación diferente de motor, hidráulica, transmisión, lubricación y sistemas auxiliares. Además, cada una trabaja con cargas y ciclos diferentes.

El sistema de enfriamiento tiene que ser capaz de acompañar esa realidad.


No todas las máquinas tienen el mismo problema de temperatura


Cuando hablamos de maquinaria de construcción y minería solemos meter en el mismo grupo a excavadoras, cargadores, bulldozers, motoniveladoras, perforadoras y camiones mineros. Sin embargo, desde el punto de vista térmico, son máquinas bastante diferentes.


Una excavadora hidráulica depende en gran medida de su sistema hidráulico. Las bombas, válvulas y actuadores trabajan continuamente y el aceite hidráulico puede convertirse en uno de los principales fluidos que necesitan mantenerse dentro de una temperatura adecuada. Por eso estas máquinas incorporan sistemas específicos para retirar el calor del aceite, además del sistema de enfriamiento del motor.


En un cargador frontal, además del motor y la hidráulica, la transmisión tiene un papel importante. La máquina necesita producir grandes esfuerzos para cargar y transportar material, por lo que diferentes sistemas pueden estar generando calor al mismo tiempo.


Un bulldozer presenta una situación similar. El motor, la transmisión y el sistema hidráulico trabajan juntos, pero las condiciones de operación pueden cambiar considerablemente dependiendo del terreno, la pendiente y el tipo de trabajo que realiza.


En una motoniveladora, la hidráulica tiene una importancia particular porque controla diferentes movimientos de la máquina y del implemento. El sistema de enfriamiento debe acompañar estas variaciones de trabajo sin perder estabilidad.


Las pavimentadoras y compactadores también tienen sus propios retos. Trabajan durante periodos prolongados y utilizan sistemas hidráulicos para diferentes funciones, por lo que mantener el aceite dentro de una temperatura adecuada forma parte de la confiabilidad de la máquina.


Cuando llegamos a la minería, las condiciones pueden ser todavía más exigentes.


Una excavadora minera puede manejar cantidades enormes de material durante jornadas prolongadas. Los camiones fuera de carretera transportan grandes cargas y pueden trabajar continuamente en recorridos con pendientes importantes. Las perforadoras incorporan sistemas hidráulicos y, dependiendo de su configuración, otros equipos que también requieren controlar su temperatura.


Y después tenemos una categoría que muchas veces queda fuera de esta conversación: los equipos estacionarios de procesamiento.


Una trituradora, una criba o determinados sistemas de transporte no tienen que desplazarse por una obra o una mina. Están instalados en un lugar y, en muchos casos, pueden trabajar durante largos periodos de manera continua. Su sistema térmico puede estar asociado a la lubricación, a sistemas hidráulicos o a otros equipos auxiliares.


Aquí aparece una diferencia importante.


En una máquina móvil, el fabricante normalmente tiene que integrar el sistema de enfriamiento dentro de un espacio reducido, utilizando el aire disponible y considerando polvo, vibraciones y movimiento.


En un equipo estacionario tenemos mucha más libertad para diseñar alrededor de la máquina. Podemos disponer de circuitos de agua, intercambiadores externos, sistemas de bombeo e incluso equipos dedicados para rechazar el calor hacia el ambiente.


Por eso, aunque una excavadora y una trituradora puedan estar trabajando dentro de la misma operación minera, no necesariamente necesitan resolver el problema de temperatura de la misma manera.


Y esta distinción será importante cuando lleguemos a la selección de equipos.


Porque antes de pensar en un intercambiador, un chiller o un termoconvector, primero necesitamos entender qué máquina tenemos enfrente, qué sistema se está calentando y cómo trabaja realmente durante la jornada.


Cuando la temperatura empieza a subir, la máquina lo resiente


Una máquina pesada puede seguir funcionando aunque su temperatura ya no esté donde debería. De hecho, una de las dificultades más comunes en estos sistemas es que el problema no siempre aparece de inmediato.


Durante los primeros minutos de trabajo todo puede parecer normal. El aceite hidráulico circula, los actuadores responden y el operador continúa con su rutina. Pero después de varias horas de operación, especialmente cuando la máquina trabaja bajo carga, la temperatura puede comenzar a elevarse poco a poco.


Al principio quizá solo se observa una lectura más alta de lo habitual. Después puede aparecer una alarma o una disminución en el rendimiento. Si la situación continúa, el aceite puede dejar de trabajar en las condiciones adecuadas y los componentes hidráulicos comienzan a operar con mayor esfuerzo.


La temperatura también tiene una relación directa con la viscosidad del aceite. Cuando el fluido se calienta demasiado, cambia su comportamiento y puede disminuir su capacidad para realizar correctamente las funciones de lubricación y transmisión de potencia para las que fue seleccionado. El resultado puede ser mayor desgaste y una reducción en la eficiencia del sistema.


En una máquina que trabaja ocho, diez o más horas al día, estas diferencias terminan acumulándose.


Un sistema que opera ligeramente por encima de su temperatura normal durante algunos minutos quizá no genere un problema evidente. Pero si esa condición se repite todos los días, durante meses, el efecto sobre el aceite y los componentes puede ser muy diferente.

También puede ocurrir lo contrario: que el sistema de enfriamiento esté trabajando de manera excesiva cuando no es necesario. Por eso, el objetivo tampoco es enfriar el aceite tanto como sea posible. La temperatura debe mantenerse dentro del rango adecuado para el sistema y para las condiciones de trabajo.


Cuando ese equilibrio se pierde pueden aparecer alarmas, pérdida de desempeño, mayor desgaste, incremento del mantenimiento y, en el peor de los casos, un paro de la máquina.

Y en construcción o minería, un paro no es solamente una reparación.


Es una máquina que deja de producir.


El ambiente también forma parte del problema


Hay algo que muchas veces se pasa por alto cuando se analiza el sistema de enfriamiento: la máquina no trabaja sola; trabaja dentro de un ambiente determinado.


No es lo mismo operar una excavadora a 20 °C que hacerlo a 40 °C. Tampoco es lo mismo trabajar en un lugar limpio que hacerlo en una cantera, una mina o una obra donde el polvo está presente prácticamente durante toda la jornada.


Cuando el sistema necesita transferir calor hacia el aire exterior, la temperatura de ese aire importa. Mientras más caliente esté el ambiente, más difícil resulta sacar el calor de un fluido que también está caliente.


A esto se suma el polvo.


Los radiadores y enfriadores necesitan que el aire pueda circular a través de sus superficies. Cuando tierra, polvo u otras partículas comienzan a acumularse, el paso del aire se dificulta y la capacidad del sistema para retirar calor puede disminuir.


Es posible que la máquina continúe trabajando y que el operador no perciba inmediatamente el problema. Sin embargo, el sistema puede estar perdiendo poco a poco el margen que tenía para mantener la temperatura bajo control.


La altitud también puede ser relevante. En lugares elevados, el aire tiene una menor densidad y esto puede afectar el desempeño de los sistemas que dependen de la circulación de aire para disipar calor.


Y después está la forma en que se utiliza la máquina.


Una excavadora que realiza ciclos pesados de manera continua genera una situación térmica diferente a la de una máquina que trabaja de manera intermitente. Un camión minero cargado que sube una pendiente durante largos periodos también exige mucho más a sus sistemas que cuando circula sin carga.


Por eso, cuando se analiza un problema de temperatura, no basta con preguntar “¿qué máquina es?”


También necesitamos saber:


¿Dónde trabaja? ¿A qué temperatura ambiente? ¿Cuántas horas? ¿Con qué carga? ¿En qué condiciones está el sistema de enfriamiento?


Estas preguntas pueden explicar por qué una máquina que funcionaba correctamente hace algunos años comienza a presentar problemas después de un cambio de ubicación, de producción o de condiciones de operación.


¿Cómo consigue la máquina sacar todo ese calor?


Una vez que entendemos de dónde viene el calor, la siguiente pregunta es bastante sencilla: ¿cómo lo sacamos de la máquina?


En la mayoría de los equipos móviles encontramos sistemas que aprovechan el aire como medio para retirar calor. El radiador del motor es el ejemplo más conocido, pero no es el único. También existen enfriadores destinados al aceite hidráulico, la transmisión y otros circuitos.


El principio es relativamente sencillo. Un fluido caliente circula por un intercambiador y el aire pasa a través de sus superficies. El calor pasa del fluido hacia el aire y finalmente sale de la máquina.


El ventilador tiene un papel fundamental porque es el encargado de mantener ese movimiento de aire.


En equipos modernos, además, ya no es necesario que el ventilador funcione todo el tiempo a la misma velocidad. Los sistemas de ventilación de demanda variable pueden aumentar o disminuir el flujo de aire dependiendo de la temperatura y de las condiciones de operación.

Esto tiene una ventaja importante.


Si la máquina no necesita toda la capacidad de enfriamiento disponible, no tiene sentido utilizar continuamente la máxima velocidad del ventilador. Reducir esa demanda puede disminuir el consumo de energía y también evitar pérdidas innecesarias de potencia.


En otros equipos encontramos otra posibilidad: utilizar agua para retirar el calor.


Aquí entra el intercambiador de calor.


El aceite caliente circula por un lado del intercambiador y el agua por el otro. Los dos fluidos permanecen separados, pero el calor pasa de uno al otro a través de las superficies metálicas del equipo.


El aceite puede entonces regresar a la máquina con una temperatura más adecuada, mientras que el agua sale con el calor que acabamos de retirar.


Pero aquí aparece una pregunta que suele olvidarse:


¿Qué hacemos con el agua después de que se calentó?


Porque sacar el calor del aceite es solamente una parte del problema. Ese calor todavía existe y tenemos que llevarlo finalmente hacia algún lugar.


En una instalación industrial podemos hacerlo mediante otro intercambiador, un sistema de rechazo hacia el ambiente, un termoconvector o, cuando necesitamos controlar con precisión la temperatura del agua, mediante un chiller.


Esto es lo que diferencia a un componente aislado de una solución térmica.


El intercambiador de calor: cuando necesitamos pasar el calor de un fluido a otro.


El intercambiador de calor puede parecer un componente sencillo, pero su función dentro de un sistema es bastante importante.


Imaginemos una máquina cuyo aceite hidráulico está aumentando de temperatura durante la operación. Una posibilidad es hacer circular ese aceite por un intercambiador y utilizar agua para retirar parte del calor.


El aceite caliente entra por un circuito y el agua de enfriamiento circula por otro. Los dos fluidos no se mezclan. El calor simplemente pasa de uno al otro a través de las superficies que los separan.


Después, el aceite vuelve a la máquina con una temperatura más adecuada.


En los intercambiadores de calor de casco y tubo, por ejemplo, uno de los fluidos circula por el interior de los tubos mientras el otro circula por el lado del casco. La configuración puede adaptarse a diferentes caudales, temperaturas, presiones y características de los fluidos.


Pero hay algo que debemos tener muy claro: el intercambiador no hace desaparecer el calor.


Solamente lo mueve de un fluido a otro.


Si utilizamos agua para enfriar el aceite, ahora tenemos agua más caliente. Ese calor tendrá que ser rechazado posteriormente hacia otro medio.


Por eso una instalación puede estar formada por varios elementos trabajando juntos:

máquina → aceite → intercambiador → agua → sistema de rechazo de calor.



Dependiendo de las condiciones, ese sistema de rechazo puede ser diferente.

Cuando existe una fuente de agua adecuada y suficiente, puede utilizarse como medio de enfriamiento. Cuando se requiere mayor estabilidad, puede utilizarse un circuito cerrado. Si necesitamos mantener el agua dentro de una temperatura determinada, podemos incorporar un chiller industrial. Y cuando las condiciones ambientales lo permiten, un termoconvector o Dry Cooler puede encargarse de devolver ese calor al ambiente y reducir el consumo de agua.


Por eso, cuando hablamos de enfriar una máquina, no deberíamos comenzar preguntando únicamente “¿qué tamaño de intercambiador necesito?”


La pregunta correcta es un poco más amplia:

¿Qué está generando el calor, cuánto calor necesitamos retirar, qué fluido podemos utilizar para hacerlo y cómo vamos a sacar finalmente ese calor del sistema?


A partir de ahí comienza realmente el diseño de la solución.


¿Cuándo puede ser necesario un sistema de refrigeración externo?


Hasta este punto hemos hablado de cómo una máquina genera calor y de las diferentes formas que existen para retirarlo. Pero hay una pregunta que aparece naturalmente cuando el sistema original de la máquina ya no es suficiente o cuando estamos frente a una instalación que requiere un control térmico más preciso: ¿cuándo tiene sentido incorporar un sistema de enfriamiento externo?


La respuesta depende de la aplicación.


En una excavadora, un cargador o un camión minero, el fabricante normalmente integra dentro de la propia máquina los sistemas necesarios para controlar la temperatura del motor, la hidráulica y la transmisión. En estos casos, modificar el sistema original no siempre es la primera alternativa. Antes hay que determinar si existe un problema de mantenimiento, una obstrucción, una falla en el ventilador, una pérdida de caudal o alguna otra condición que esté reduciendo la capacidad de enfriamiento.


La situación cambia cuando tenemos un circuito auxiliar, un sistema estacionario o una aplicación en la que necesitamos controlar una temperatura determinada independientemente de las condiciones del ambiente.


Ahí puede tener sentido diseñar un sistema externo.


Por ejemplo, podemos utilizar un intercambiador de calor para transferir el calor de un aceite hacia un circuito de agua. El intercambiador se encarga de realizar la transferencia, pero todavía necesitamos decidir qué sucederá con el agua que salió más caliente.


Si las condiciones lo permiten, ese circuito puede conectarse a un termoconvector o Dry Cooler, que utiliza aire para rechazar el calor hacia el ambiente. Esta configuración puede resultar especialmente interesante cuando queremos trabajar con un circuito cerrado y reducir el consumo de agua.


Pero no siempre las condiciones ambientales permiten mantener el agua a la temperatura que necesita el proceso.


Cuando necesitamos un mayor control, podemos incorporar un chiller industrial. En este caso, el sistema frigorífico extrae calor del agua y permite mantenerla dentro de una temperatura definida, independientemente de las variaciones normales del ambiente, siempre que el equipo haya sido correctamente dimensionado para la carga térmica.


Esto puede ser útil en instalaciones donde la estabilidad de la temperatura sea más importante que simplemente conseguir que el fluido esté más frío.


También podemos encontrar sistemas donde un intercambiador y un equipo de refrigeración trabajan conjuntamente. El intercambiador permite separar los circuitos de la máquina y del sistema de enfriamiento, mientras que el chiller mantiene las condiciones térmicas del circuito secundario.


Por eso, no debemos pensar que un chiller necesariamente sustituye al sistema de enfriamiento de una excavadora o de un camión minero. En muchos casos, la solución correcta consiste en integrar diferentes componentes para resolver una necesidad térmica específica.


La selección depende de tres preguntas fundamentales: cuánto calor necesitamos retirar, qué temperatura necesitamos mantener y qué medios tenemos disponibles para rechazar ese calor.


Y esas preguntas se vuelven todavía más interesantes cuando dejamos las máquinas móviles y entramos en las instalaciones estacionarias de minería.


Un caso diferente: los equipos estacionarios de minería


Una trituradora no tiene que moverse.


Una criba tampoco.


Un sistema de transporte o determinado equipo de procesamiento permanece instalado en una ubicación concreta y puede trabajar durante muchas horas prácticamente de manera continua.


Esta diferencia parece sencilla, pero desde el punto de vista térmico abre muchas posibilidades.


En una máquina móvil, el fabricante debe encontrar un equilibrio entre capacidad de enfriamiento, espacio disponible, peso, consumo de energía, vibraciones y condiciones ambientales. Todo tiene que caber dentro de una máquina que además debe desplazarse y trabajar en condiciones difíciles.


En una instalación estacionaria tenemos mucha más libertad.


Podemos colocar una bomba fuera del equipo, instalar tuberías, utilizar un intercambiador de mayor tamaño y construir un circuito de agua independiente. También podemos instalar un equipo dedicado para rechazar el calor y mantener las condiciones del circuito de manera más estable.


Imaginemos, por ejemplo, un sistema de lubricación que trabaja continuamente y cuyo aceite comienza a elevar su temperatura.


Una alternativa puede ser hacer circular ese aceite por un intercambiador de calor. Del otro lado tenemos agua en un circuito cerrado.


El aceite entrega su calor al agua.


Ahora tenemos un segundo problema: el agua se ha calentado.


Una posibilidad sería llevar ese circuito hacia un Dry Cooler, donde el calor puede transferirse nuevamente al aire exterior.


La configuración podría representarse de manera sencilla:

Equipo → aceite caliente → intercambiador → agua → Dry Cooler → agua enfriada → intercambiador.


En determinadas condiciones, esta solución puede funcionar utilizando las condiciones ambientales disponibles y sin necesidad de incorporar refrigeración mecánica.


Pero supongamos que el proceso necesita que el agua permanezca a una temperatura que el ambiente no permite alcanzar de manera estable.


Entonces podemos cambiar la estrategia:

Equipo → aceite caliente → intercambiador → agua → chiller → agua enfriada → intercambiador.


Aquí el chiller se convierte en el elemento encargado de controlar la temperatura del circuito.

La ventaja de pensar de esta manera es que dejamos de buscar un equipo aislado y empezamos a diseñar un sistema térmico completo.


También puede existir una combinación de ambas estrategias. Por ejemplo, aprovechar condiciones ambientales favorables durante una parte del año y utilizar refrigeración mecánica únicamente cuando sea necesario. Esto puede reducir el consumo energético y permitir que el sistema trabaje de acuerdo con la demanda térmica real.


En minería esto puede resultar especialmente interesante porque las instalaciones pueden permanecer trabajando durante largos periodos y cualquier reducción en el consumo energético o en las paradas de mantenimiento puede tener un impacto importante sobre la operación.


Además, al trabajar con un sistema estacionario podemos considerar desde el inicio aspectos como accesibilidad para mantenimiento, espacio disponible, ubicación del equipo, condiciones ambientales y posibilidad de ampliar la capacidad en el futuro.


La ingeniería térmica deja entonces de ser simplemente una cuestión de "enfriar un aceite".

Se trata de diseñar el camino completo que seguirá el calor desde el punto donde se genera hasta el lugar donde finalmente será rechazado.


¿Cómo saber si el sistema de enfriamiento es suficiente?


Aquí es donde comienza una de las partes más importantes del análisis.


Cuando alguien nos dice que una máquina está trabajando demasiado caliente, la primera tentación puede ser buscar un equipo de mayor capacidad.


Pero más capacidad no necesariamente significa una mejor solución.


Antes necesitamos conocer qué está ocurriendo realmente.


El primer dato es identificar la máquina y el sistema que presenta el problema. No es lo mismo enfriar aceite hidráulico que aceite de transmisión, lubricante o agua de proceso. Cada fluido tiene características diferentes y cada aplicación tiene necesidades específicas.

Después necesitamos conocer el caudal.


Saber que un sistema utiliza aceite no es suficiente. Necesitamos saber cuánto aceite está circulando y bajo qué condiciones. El caudal determina, junto con la diferencia de temperatura y las propiedades del fluido, una parte importante de la capacidad térmica que tendremos que retirar.


También necesitamos conocer las temperaturas.


Una medición de 90 °C puede parecer alta, pero por sí sola no nos dice si existe un problema. Necesitamos saber cuál es la temperatura de entrada, cuál es la temperatura de salida, cuál es la temperatura objetivo y cómo cambian esos valores durante la jornada.


El comportamiento en el tiempo es particularmente importante.


Si el aceite comienza a 65 °C y después de varias horas llega progresivamente a 85 °C, existe una dinámica térmica que debemos entender. Si, por el contrario, alcanza inmediatamente una temperatura elevada y permanece estable, el análisis puede ser diferente.


La temperatura ambiente también forma parte de los datos necesarios.


No podemos dimensionar de la misma manera un sistema que trabajará a 25 °C de ambiente y otro que deberá funcionar a 40 °C. Tampoco debemos ignorar la altitud cuando el sistema depende de la transferencia de calor hacia el aire.


Las horas de operación y el ciclo de trabajo completan la imagen.


Una máquina que trabaja 30 minutos y permanece detenida otros 30 no tiene la misma demanda térmica que un equipo que trabaja continuamente durante 10 horas.


Y hay otro elemento que muchas veces explica un problema que inicialmente parece ser de capacidad: el estado del sistema existente.


Antes de aumentar la capacidad de enfriamiento debemos verificar que el aire pueda circular, que los intercambiadores estén limpios, que los ventiladores funcionen correctamente y que exista el caudal requerido.


Un sistema perfectamente dimensionado puede perder buena parte de su capacidad si está obstruido o si no recibe el flujo necesario.


Por eso, antes de seleccionar un equipo conviene reunir la información disponible de la operación real.


Primero entendemos cómo trabaja la máquina; después calculamos cuánto enfriamiento necesita.


Ese orden es importante porque evita seleccionar equipos sobredimensionados, insuficientes o incompatibles con la aplicación.


Y también permite determinar algo todavía más importante: si realmente necesitamos un equipo nuevo o si el problema puede resolverse recuperando la capacidad del sistema que ya existe.


Mantenimiento: cuando el sistema ya no enfría como antes


Un sistema de enfriamiento correctamente diseñado no permanece igual durante toda la vida de una máquina.


El ambiente modifica sus condiciones, los fluidos envejecen, las superficies se ensucian y los componentes sufren desgaste. Con el tiempo, un sistema que originalmente tenía suficiente capacidad puede comenzar a trabajar con un margen térmico cada vez menor.


En construcción y minería, el polvo es uno de los factores más evidentes.


Las superficies de radiadores, intercambiadores y enfriadores pueden acumular partículas que dificultan el paso del aire. Desde afuera puede parecer que el equipo sigue funcionando normalmente, pero la transferencia de calor ya no es la misma.


El problema puede ser todavía más difícil de detectar cuando la pérdida de capacidad ocurre lentamente.


La máquina continúa trabajando.


No existe necesariamente una alarma inmediata.


El operador simplemente observa que la temperatura comienza a ser un poco mayor después de algunas horas de trabajo. Con el paso del tiempo, ese comportamiento puede volverse más frecuente hasta que finalmente aparece una alarma o una condición que obliga a detener el equipo.


Por eso, una tendencia de temperatura puede proporcionar información mucho antes de que ocurra una falla.


Si una máquina históricamente terminaba su jornada trabajando a una determinada temperatura y ahora alcanza valores significativamente mayores bajo las mismas condiciones, vale la pena investigar qué cambió.


  1. Puede ser suciedad.

  2. Puede existir una restricción en el circuito.

  3. Puede haber disminuido el caudal.

  4. Puede existir un problema en el ventilador.

  5. El aceite puede haber cambiado sus propiedades.


También pueden existir incrustaciones o suciedad en un circuito de agua, dependiendo de cómo esté construido el sistema.


Y, por supuesto, también puede ocurrir que las condiciones de trabajo hayan cambiado.


La máquina quizá esté trabajando más horas, con mayor carga o en un ambiente más caliente.


Por eso el mantenimiento térmico no debería limitarse a reparar el equipo cuando aparece una alarma.


También consiste en observar cómo se comporta el sistema a lo largo del tiempo.


Una revisión periódica de temperaturas, caudales, presión y estado físico de los equipos puede ayudar a detectar una pérdida de desempeño antes de que se convierta en una parada no programada.


En una operación donde cada hora de producción cuenta, esa diferencia puede ser importante.


El objetivo no es simplemente conseguir que la máquina vuelva a enfriar cuando ya presentó un problema.


El objetivo es mantener el sistema con suficiente capacidad para que pueda seguir retirando el calor generado durante toda la jornada, incluso cuando las condiciones de operación sean exigentes.


La refrigeración también está cambiando


Durante muchos años, hablar del sistema de enfriamiento de una máquina significaba pensar principalmente en radiadores, ventiladores e intercambiadores. Hoy el panorama es un poco diferente.


Las máquinas modernas necesitan ser más eficientes, trabajar durante más tiempo y entregar mayor productividad con un consumo energético cada vez más controlado. Esto también está modificando la manera en que se diseñan y operan sus sistemas térmicos.


Uno de los cambios más importantes es el uso de ventiladores de velocidad variable.


En un sistema convencional, el ventilador puede funcionar durante largos periodos a una velocidad elevada aunque la demanda térmica no sea la máxima. En cambio, un sistema de velocidad variable puede ajustar el flujo de aire de acuerdo con las condiciones reales de operación.


Cuando la temperatura aumenta y la demanda de enfriamiento crece, el sistema puede incrementar la ventilación. Cuando la demanda disminuye, puede reducirla.


Esto permite utilizar la capacidad de enfriamiento de una manera más eficiente y puede disminuir el consumo de energía asociado al movimiento del aire.


La misma filosofía se está trasladando a otros componentes.


La medición continua de temperatura, presión y caudal permite conocer mejor lo que está ocurriendo dentro de los circuitos. En lugar de esperar a que una alarma indique que algo está mal, podemos observar cómo se comporta el sistema y detectar cambios en su desempeño.


Esto abre la puerta al mantenimiento predictivo.


Si durante meses una máquina mantiene una determinada temperatura bajo condiciones similares y posteriormente comienza a mostrar una tendencia ascendente, esa información puede ser una señal para investigar el sistema antes de que ocurra una falla.


También está cambiando la forma de aprovechar las condiciones ambientales.


En determinadas aplicaciones, no siempre es necesario utilizar refrigeración mecánica para retirar el calor. Cuando la temperatura exterior lo permite, un Dry Cooler o termoconvector puede utilizar el aire ambiente como medio para rechazar el calor.


Esta estrategia, conocida como Free Cooling cuando las condiciones del sistema lo permiten, puede reducir el tiempo durante el cual es necesario utilizar compresores y, por lo tanto, disminuir el consumo energético.


La electrificación de la maquinaria también está generando nuevos retos.


Cuando sustituimos determinados sistemas de combustión por motores eléctricos, baterías y electrónica de potencia, desaparecen algunas fuentes de calor, pero aparecen otras necesidades térmicas. Baterías, inversores, motores eléctricos y sistemas electrónicos necesitan trabajar dentro de rangos de temperatura determinados.


Esto significa que la ingeniería térmica seguirá teniendo un papel importante incluso cuando cambie la tecnología de propulsión.


Y hay una tendencia adicional que resulta especialmente relevante para instalaciones industriales: la integración de diferentes tecnologías de enfriamiento.


Un sistema puede utilizar un intercambiador para retirar calor de un aceite, un circuito de agua para transportarlo y un Dry Cooler para rechazarlo al ambiente. En determinadas condiciones, puede complementarse con un chiller que proporcione refrigeración cuando el ambiente ya no sea suficiente.


La tendencia, por lo tanto, no consiste simplemente en instalar sistemas de enfriamiento cada vez más grandes.


Consiste en desarrollar sistemas capaces de responder mejor a la demanda térmica real de la máquina o del proceso.


Para una operación de construcción o minería, esto puede traducirse en menor consumo energético, mayor estabilidad térmica y una mejor capacidad para anticipar problemas.


Porque controlar la temperatura no significa solamente bajar un número en un indicador.

Significa conseguir que la máquina pueda seguir haciendo su trabajo.


Controlar el calor es proteger la disponibilidad de la máquina


Una máquina de construcción o minería está diseñada para producir.


Una excavadora necesita excavar. Un cargador necesita cargar. Un camión minero necesita transportar. Una trituradora necesita procesar material.


El sistema de enfriamiento existe para permitir que todos esos procesos continúen bajo las condiciones para las que fueron diseñados.


El calor, por sí mismo, no es una anomalía. Es una consecuencia natural de transformar energía y realizar trabajo.


El problema aparece cuando la máquina genera calor más rápidamente de lo que puede disiparlo.


A partir de ese momento comienzan a aparecer consecuencias que van mucho más allá de una temperatura elevada. El aceite puede trabajar fuera de sus condiciones adecuadas, los componentes pueden sufrir mayor desgaste, la eficiencia puede disminuir y las alarmas pueden terminar convirtiéndose en paros.


Por eso, cuando una máquina comienza a trabajar a temperaturas superiores a las habituales, no deberíamos preguntarnos únicamente qué componente está fallando.


También deberíamos preguntarnos:

  • ¿Cuánto calor está generando el sistema?

  • ¿Cuánto calor estamos consiguiendo retirar?

  • ¿En qué condiciones ambientales está trabajando?

  • ¿El sistema actual tiene suficiente capacidad para esas condiciones?

  • ¿El problema está en el diseño, en la operación o en el mantenimiento?


Estas preguntas permiten cambiar la perspectiva.


En lugar de buscar únicamente un componente para reemplazar, comenzamos a analizar el recorrido completo del calor.


Puede tratarse de un sistema móvil que requiere recuperar su capacidad original de enfriamiento.


Puede ser un circuito de aceite que necesita un intercambiador adicional.


Puede ser una instalación estacionaria que requiere un circuito cerrado de agua.


Puede ser una aplicación donde un Dry Cooler permita aprovechar las condiciones ambientales.


O puede ser un proceso que necesita la estabilidad térmica que proporciona un chiller industrial.


La solución correcta dependerá de la aplicación.


Y para determinarla necesitamos conocer la máquina, el fluido, el caudal, las temperaturas, las condiciones ambientales y el ciclo real de trabajo.


En otras palabras, primero entendemos el problema térmico y después seleccionamos el equipo.


Esta forma de trabajar es particularmente importante en industrias como la construcción y la minería, donde los equipos están expuestos a jornadas prolongadas, polvo, temperaturas elevadas, cargas variables y condiciones que difícilmente pueden reproducirse en un laboratorio.


Una solución térmica adecuada debe funcionar en el lugar donde realmente trabaja la máquina.


Porque una máquina que puede mantener su temperatura durante toda la jornada tiene algo que resulta fundamental para cualquier operación industrial:

disponibilidad.


Y proteger esa disponibilidad significa proteger también la productividad.


Hablemos de tu proceso


Cuando una máquina comienza a trabajar a una temperatura más alta de lo habitual, la respuesta no siempre consiste en instalar un equipo de mayor capacidad.


Primero necesitamos entender qué está ocurriendo.


Si tienes una aplicación de construcción, minería o procesamiento de materiales y necesitas evaluar un sistema de enfriamiento, podemos comenzar con la información disponible de tu operación.


El tipo de máquina y su marca y modelo nos permiten conocer el contexto de la aplicación. El sistema que presenta el problema nos ayuda a identificar qué circuito debemos analizar. El tipo de aceite o fluido, el caudal y las temperaturas de operación permiten estimar la cantidad de calor que necesitamos retirar.


También es importante conocer cuántas horas trabaja el equipo, a qué temperatura ambiente opera y, cuando sea relevante, la altitud del sitio.


Las fotografías del sistema actual pueden aportar información adicional sobre el espacio disponible, las conexiones, los intercambiadores existentes, los ventiladores y las condiciones generales de instalación.


Con estos datos podemos comenzar a determinar qué alternativa tiene sentido para la aplicación.


En algunos casos, la solución puede estar en un intercambiador de calor correctamente seleccionado.


En otros, puede ser necesario diseñar un circuito de agua con un sistema de rechazo de calor mediante un termoconvector o Dry Cooler.


Cuando necesitamos mantener una temperatura controlada independientemente de las condiciones ambientales, podemos analizar la incorporación de un chiller industrial.


Y también existen aplicaciones donde diferentes tecnologías deben trabajar juntas para conseguir el resultado requerido.


Lo importante es no comenzar por el catálogo.

La selección del equipo debe comenzar por el proceso.


Si tu maquinaria está trabajando a temperaturas superiores a las esperadas, comparte con INENMEX la información disponible de la aplicación: tipo de máquina, sistema que presenta el problema, fluido utilizado, caudal, temperaturas de operación, horas de trabajo y condiciones ambientales.


Con esos datos podemos realizar una evaluación técnica preliminar y determinar qué tipo de solución térmica puede ser adecuada para tu aplicación.


Porque una máquina que trabaja muchas horas necesita algo más que potencia.


Necesita poder sacar continuamente el calor que genera mientras trabaja.


INENMEX: ingeniería térmica para aplicaciones industriales


Desde San Luis Potosí, INENMEX desarrolla soluciones de transferencia y control térmico para aplicaciones industriales, integrando intercambiadores de calor, chillers, termoconvectores y otros equipos de acuerdo con las necesidades específicas de cada proceso.


Si estás enfrentando un problema de temperatura en maquinaria, un circuito de aceite o un equipo estacionario, el primer paso es entender cómo se genera y cómo se está disipando el calor.


Cuéntanos qué está sucediendo en tu proceso y analicemos juntos la solución.



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