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Enchufes y conectores: cómo controlar el enfriamiento en el moldeo por inyección de accesorios eléctricos

hace 2 horas
25 min de lectura


Enchufe eléctrico
Enchufe eléctrico

1. Un conector parece pequeño, pero térmicamente puede ser bastante complejo

Un enchufe, una clavija o un conector eléctrico pueden parecer piezas relativamente sencillas cuando los tenemos en la mano. Muchas veces pesan apenas unos gramos y sus dimensiones son pequeñas comparadas con otras piezas moldeadas por inyección. Sin embargo, cuando observamos el interior del molde, la situación cambia: aparecen cavidades, nervaduras, alojamientos para terminales, zonas de fijación, núcleos delgados y cambios importantes de espesor en espacios muy reducidos.


Durante la inyección, todo ese volumen debe llenarse con polímero fundido y después enfriarse hasta alcanzar una condición suficientemente estable para abrir el molde y expulsar la pieza. El problema es que el calor no sale de todas las zonas a la misma velocidad. Una pared delgada puede enfriarse relativamente rápido mientras que una sección más gruesa alrededor de un tornillo, un alojamiento o una terminal metálica puede conservar calor durante más tiempo.


Esto es particularmente importante en accesorios eléctricos porque el molde no solamente tiene que producir una pieza con buena apariencia. También debe conservar dimensiones y posiciones que permitan que los componentes ensamblen correctamente. La investigación inicial identifica precisamente cavidades, núcleos, insertos metálicos y sistemas de colada como elementos habituales en este tipo de moldes, además de señalar la contracción desigual y las desviaciones dimensionales como algunas de las consecuencias de un control térmico deficiente.  


Pensemos, por ejemplo, en una carcasa donde posteriormente debe insertarse una terminal de latón. Si una zona de la pieza se enfría y contrae de manera distinta a otra, la geometría final puede apartarse de la condición para la que fue diseñado el ensamble. No necesariamente veremos una pieza completamente deformada; en componentes pequeños, una variación mucho menor puede ser suficiente para dificultar el ensamble o sacar una dimensión de tolerancia.


Ahí encontramos el verdadero reto térmico. No basta con conseguir que la pieza se enfríe; necesitamos que lo haga de una manera suficientemente uniforme y repetible para conservar su geometría.


Por eso, cuando analizamos el enfriamiento de un conector, debemos mirar algo más que la temperatura del agua que entra al molde. También importan la geometría de la pieza, la distancia entre los canales y la cavidad, el material del molde, el caudal disponible y las características térmicas del polímero.


El sistema completo participa en el resultado.


2. ¿Qué estamos moldeando realmente?

Para comprender las necesidades de enfriamiento primero tenemos que saber qué material está entrando al molde. No todos los plásticos se procesan de la misma manera y, sobre todo, no todos necesitan trabajar con la misma temperatura de molde.


En la fabricación de conectores y accesorios eléctricos pueden encontrarse termoplásticos de ingeniería como poliamidas, PBT, policarbonato y diferentes mezclas o materiales reforzados. La investigación inicial señala, entre otros ejemplos, PA66 reforzada con fibra de vidrio, PBT, PC y PC/ABS para diferentes componentes y aplicaciones.


La utilización de fibra de vidrio añade otra consideración. Su presencia mejora determinadas propiedades mecánicas del material, pero también modifica su comportamiento durante el flujo y la contracción. La orientación de las fibras producida durante el llenado puede hacer que la contracción sea diferente en una dirección respecto de otra. Por eso, en este tipo de piezas, la temperatura del molde forma parte de un conjunto de variables que incluye material, orientación, presión de compactación, geometría y condiciones de enfriamiento.


También existen diferencias importantes entre materiales aparentemente similares. Un dato de procesamiento obtenido para “PA66” no debería trasladarse automáticamente a cualquier PA66 reforzada, retardante a la flama o modificada para una aplicación eléctrica. Lo correcto es partir de las recomendaciones del fabricante para el grado específico utilizado en producción.


Un buen ejemplo aparece en la documentación de BASF. Para un grado Ultramid A3HG7, identificado como PA66 con 35 % de fibra de vidrio, el fabricante publica una temperatura de masa de 280 a 300 °C y una temperatura de molde de 80 a 90 °C. Para un Ultradur B4331 G6 HR, un PBT con 30 % de fibra de vidrio, el rango publicado de temperatura de masa es de 250 a 280 °C, mientras que para el molde se indican 60 a 100 °C.


Estas diferencias nos dicen algo importante: cuando hablamos de enfriamiento en accesorios eléctricos, no existe una única temperatura de molde que podamos utilizar como referencia para cualquier conector.


A esto debemos sumar la geometría.


Una carcasa puede combinar paredes relativamente delgadas con secciones de mayor espesor alrededor de terminales, tornillos o elementos de sujeción. El molde puede incluir núcleos estrechos que forman cavidades internas y, en algunos diseños, insertos metálicos que estarán presentes durante la inyección. Desde el punto de vista térmico, cada una de esas características modifica el camino que debe recorrer el calor antes de llegar al circuito de agua.


Por eso, antes de preguntar cuánta refrigeración necesita una línea de conectores, necesitamos conocer qué polímero estamos procesando, qué geometría estamos moldeando y qué temperatura debe conservar realmente la herramienta.


3. Enfriar el molde no significa mantenerlo lo más frío posible


Este es probablemente uno de los conceptos más importantes de todo el artículo.

Cuando vemos entrar plástico fundido a 250, 280 o incluso 300 °C, resulta lógico pensar que mientras más fría esté el agua del molde, más rápido podremos retirar el calor. Desde una perspectiva puramente intuitiva parece razonable: aumentamos la diferencia de temperatura y aceleramos la transferencia.


Pero el moldeo por inyección no busca simplemente retirar la mayor cantidad posible de calor. Necesitamos que el material se enfríe dentro de condiciones que permitan obtener la pieza que queremos fabricar.


La temperatura de la superficie del molde influye en la velocidad de enfriamiento, en la solidificación del material, en el acabado superficial y en el comportamiento de contracción. Por eso los fabricantes de resinas especifican ventanas de procesamiento que incluyen tanto la temperatura de la masa fundida como la temperatura recomendada de molde.


El ejemplo anterior lo muestra claramente. Un PA66-GF35 de BASF puede estar procesándose con una masa cercana a 290 °C mientras el molde se mantiene alrededor de 80 °C. Para el PBT-GF30 mencionado anteriormente, BASF publica un rango de molde de 60 a 100 °C, con 80 °C como valor óptimo en esa ficha concreta.


Esto significa que conectar directamente agua a 7 °C a cualquier molde solo porque nuestro chiller puede producirla sería una simplificación incorrecta.


El objetivo es mantener la temperatura adecuada de la herramienta, no llevarla a la temperatura mínima disponible.


Autodesk plantea esta misma idea en sus recomendaciones para análisis de enfriamiento. La temperatura del refrigerante debe seleccionarse considerando la temperatura superficial requerida por el material; como referencia general, propone una entrada aproximadamente 10 a 20 °C por debajo de la temperatura deseada del molde. También advierte que determinados termoplásticos necesitan superficies de molde más calientes para obtener las características requeridas en la pieza.


Esto modifica la manera en que debemos entender al chiller dentro del proceso.

El chiller puede representar la fuente de capacidad frigorífica del sistema, pero eso no significa que necesariamente entregaremos su agua directamente al molde y a la misma temperatura de salida del equipo. Dependiendo de la aplicación pueden existir controles de temperatura, circuitos secundarios, válvulas de mezcla, intercambiadores o unidades específicas que permitan mantener la herramienta en su condición de trabajo.


Y aquí aparece otra diferencia fundamental entre temperatura y capacidad de enfriamiento.

Podemos tener un sistema capaz de producir agua muy fría y, sin embargo, no contar con el caudal suficiente para retirar el calor del molde. También podemos tener bastante caudal, pero una distribución deficiente que deja determinadas zonas calientes. Incluso podemos tener temperatura y caudal adecuados y seguir enfrentando problemas porque los canales están demasiado lejos de una sección crítica de la cavidad.


Por eso, cuando una pieza presenta problemas de enfriamiento, la primera respuesta no debería ser simplemente bajar el set point del chiller.


Primero necesitamos preguntarnos: ¿la temperatura del molde es la correcta para este material y estamos consiguiendo mantenerla de manera uniforme durante todo el ciclo?

Esa pregunta cambia por completo el diagnóstico.


4. ¿De dónde viene todo el calor que tenemos que retirar?

Antes de dimensionar un sistema de enfriamiento conviene seguir el recorrido de la energía desde que el plástico entra a la inyectora.


El polímero comienza normalmente en forma de pellets sólidos. Dentro del cilindro, las resistencias eléctricas aportan energía y el giro del husillo somete el material a trabajo mecánico y fricción hasta conseguir una masa fundida suficientemente homogénea para ser inyectada.


Después viene una segunda etapa. El polímero debe desplazarse por la boquilla, el sistema de colada y finalmente por las compuertas que comunican con las cavidades. Durante ese recorrido existen gradientes de velocidad y esfuerzos de cizallamiento. En zonas estrechas, la velocidad y la deformación del material pueden aumentar considerablemente y parte de ese trabajo mecánico termina también convirtiéndose en calor.


La investigación inicial de Gemini identifica precisamente la plastificación, el calentamiento por cizallamiento y la propia energía contenida en el polímero fundido como fuentes relevantes dentro del balance térmico del proceso.


Pero desde el punto de vista del sistema de enfriamiento, lo más importante sucede cuando la cavidad ya está llena.


En ese momento tenemos una masa de polímero a elevada temperatura encerrada dentro de una herramienta metálica considerablemente más fría. El calor comienza a desplazarse desde el interior de la pieza hacia su superficie, después pasa hacia la pared de la cavidad, atraviesa el acero o el material del molde y finalmente llega a los canales por donde circula el refrigerante.


Podemos imaginarlo como una cadena:

polímero caliente → cavidad → cuerpo del molde → canal de enfriamiento → agua → sistema de rechazo de calor.


Cada uno de esos pasos puede convertirse en una resistencia a la transferencia.

Si una sección de la pieza es más gruesa, el calor almacenado en su interior tarda más en llegar hasta la superficie. Si un canal está demasiado alejado de una zona crítica, el calor debe recorrer una mayor distancia a través del metal. Si el caudal dentro del canal es insuficiente, la última etapa de esa transferencia también se vuelve menos efectiva.

Por eso el chiller es solamente una parte del sistema.


Puede proporcionar la capacidad necesaria para retirar el calor transportado por el agua, pero no puede corregir por sí solo un punto caliente provocado por una geometría de molde mal refrigerada, un canal obstruido o una circulación hidráulica insuficiente.


Entender de dónde viene el calor y por dónde debe salir nos permitirá, más adelante, identificar en qué punto se encuentra realmente la limitación.

5. El enfriamiento puede convertirse en la parte más larga del ciclo

Una vez llena y compactada la cavidad, la máquina todavía no puede abrir inmediatamente el molde. La pieza necesita perder suficiente calor para adquirir la rigidez necesaria para ser expulsada sin deformarse.


Ese tiempo de espera tiene un peso considerable en la productividad.


Autodesk describe el enfriamiento como normalmente la etapa más larga del ciclo de inyección y señala que puede representar hasta alrededor del 80 % del tiempo total, aunque la proporción real depende de la pieza, el material, el molde y las condiciones de procesamiento.


Esto ayuda a entender por qué unos cuantos segundos son importantes en producción masiva.


Si una planta fabrica conectores durante varios turnos y realiza miles de ciclos al día, una reducción técnicamente correcta del tiempo de enfriamiento puede traducirse en más ciclos disponibles con la misma máquina. Pero aquí la expresión “técnicamente correcta” es fundamental.


No se trata de abrir el molde antes ni de bajar indiscriminadamente la temperatura del refrigerante.


La pieza tiene que haber alcanzado una condición en la que pueda soportar la expulsión sin que su geometría cambie de manera inaceptable. En una carcasa con nervaduras, alojamientos o zonas gruesas, la superficie puede parecer suficientemente fría mientras el interior de una sección todavía conserva una cantidad importante de calor.


Si expulsamos demasiado pronto, ese calor interno continúa redistribuyéndose cuando la pieza ya está fuera del confinamiento del molde. Entonces pueden aparecer deformaciones, contracciones posteriores o variaciones dimensionales.


Por otro lado, esperar mucho más de lo necesario también tiene un costo. La máquina permanece cerrada aunque quizá la pieza ya pueda expulsarse con seguridad, aumentando innecesariamente el tiempo de ciclo.


Por eso el verdadero objetivo no es conseguir el enfriamiento más rápido posible, sino encontrar el tiempo mínimo de enfriamiento compatible con la calidad y estabilidad dimensional requeridas.


También debemos considerar que el tiempo de enfriamiento está muy influido por el espesor. Una zona gruesa almacena más energía y, además, el calor del centro debe recorrer una distancia mayor antes de alcanzar la pared del molde. Más adelante veremos que esta relación no es lineal y que aumentar el espesor puede incrementar de manera muy importante el tiempo necesario para enfriar la pieza.


Esto tiene una consecuencia práctica para conectores y accesorios eléctricos. Si una determinada zona concentra material alrededor de un alojamiento, una terminal o un punto de fijación, esa pequeña sección puede terminar gobernando el tiempo de ciclo de toda la pieza.


Y ahí encontramos una de las oportunidades más importantes del diseño térmico del molde: no simplemente suministrar agua más fría, sino conseguir que el calor de esas zonas críticas tenga un camino eficiente hasta el circuito de enfriamiento.


6. El verdadero objetivo es enfriar de manera uniforme

Cuando hablamos de enfriamiento en un molde de inyección, es fácil pensar únicamente en la cantidad total de calor que debemos retirar. Sin embargo, en piezas pequeñas y geométricamente complejas como conectores, clavijas o carcasas eléctricas, la uniformidad con la que se retira ese calor puede ser tan importante como la capacidad total del sistema.


Imaginemos una pieza que combina paredes delgadas con zonas más gruesas alrededor de un alojamiento, un tornillo o una terminal. Aunque el molde reciba agua a la temperatura correcta, esas regiones no necesariamente se enfrían al mismo ritmo. Una parte de la pieza puede estar lista para expulsarse mientras otra continúa almacenando una cantidad importante de calor.


Cuando existen diferencias de temperatura entre distintas zonas del molde, también aparecen diferencias en la manera en que el polímero se contrae durante la solidificación. La investigación inicial identifica precisamente la contracción asimétrica y las desviaciones dimensionales como consecuencias posibles de un control térmico deficiente.


En un componente eléctrico, una pequeña variación dimensional puede ser más importante de lo que parece. Una carcasa puede seguir viéndose correctamente a simple vista, pero una cavidad interna, una guía o un alojamiento puede desplazarse lo suficiente para complicar el ensamble posterior. Cuando existen terminales metálicas sobremoldeadas, el problema puede aparecer como una variación en la posición relativa entre la terminal y la geometría plástica que debe mantenerla.


Por eso conviene evitar una explicación demasiado simple como “el calor deforma los pines”. En muchos casos, el fenómeno relevante es que la pieza plástica se enfría y contrae de manera desigual, modificando la relación geométrica entre las diferentes zonas del componente.


Aquí aparece una distinción fundamental. Podemos tener un chiller suficientemente grande para absorber toda la carga térmica del proceso y, aun así, obtener piezas con problemas si el calor no logra llegar de manera uniforme desde las diferentes zonas de la cavidad hasta los canales de enfriamiento.


Esto significa que aumentar capacidad frigorífica no siempre corrige el problema.

Antes de pensar en un equipo más grande conviene preguntarnos dónde están las zonas más calientes, qué tan lejos se encuentran de los canales y si el molde está manteniendo una temperatura suficientemente uniforme durante el ciclo.


En otras palabras, no buscamos simplemente un molde frío; buscamos un molde térmicamente estable.


7. El espesor manda: por qué algunas zonas tardan mucho más en enfriarse

Uno de los factores que más influye en el tiempo necesario para enfriar una pieza es su espesor.


Esto puede parecer intuitivo: una sección gruesa contiene más material que una sección delgada y, por lo tanto, también almacena más energía térmica. Pero existe además otro efecto importante. El calor situado en el centro de esa sección tiene que recorrer una distancia mayor antes de llegar a la superficie del molde.


Por eso el tiempo de enfriamiento no aumenta de manera proporcional al espesor. En el modelo térmico clásico utilizado para analizar piezas moldeadas, el tiempo tiene una relación aproximadamente cuadrática con esa dimensión. Dicho de una forma sencilla: hacer una sección dos veces más gruesa puede incrementar mucho más de dos veces el tiempo necesario para enfriarla.


Esta relación ayuda a explicar por qué una zona relativamente pequeña puede convertirse en el punto que determina el tiempo de ciclo de toda la pieza.


En un conector podemos tener una carcasa predominantemente delgada y, al mismo tiempo, encontrar concentraciones de material alrededor de un tornillo de sujeción, una terminal, un nervio estructural o una zona de transición. Mientras la mayor parte de la pieza pierde calor rápidamente, esa acumulación de material puede permanecer caliente durante varios segundos adicionales.


La máquina no puede expulsar la pieza simplemente porque el exterior ya se encuentre frío.

Si el núcleo de una sección gruesa todavía conserva demasiado calor, la pieza puede continuar contrayéndose o deformándose después de salir del molde. En ese momento ya no cuenta con las superficies de la cavidad para mantener su geometría y las tensiones internas pueden manifestarse como deformación, rechupes o variaciones dimensionales.


La investigación inicial ya identifica precisamente a las zonas de distinto espesor como puntos sensibles a rechupes y vacíos cuando el enfriamiento no se realiza de manera adecuada.


Esto también explica por qué un tiempo de ciclo no debería establecerse únicamente observando cuándo la superficie parece sólida.


Necesitamos asegurarnos de que la zona térmicamente más lenta haya alcanzado una condición suficientemente estable para permitir la expulsión.


Desde el punto de vista del diseño térmico, eso nos lleva a una pregunta muy concreta: ¿podemos acercar el sistema de enfriamiento a esas zonas que están gobernando el ciclo?

Y ahí comenzamos a pasar del problema térmico al diseño de los canales.

8. Del plástico al agua: ¿por dónde sale realmente el calor?

Para entender por qué un molde enfría bien o mal, conviene seguir físicamente el recorrido del calor.


El proceso comienza dentro de la propia pieza. El polímero entra fundido y empieza a entregar energía hacia las paredes de la cavidad. Primero, el calor tiene que desplazarse desde el interior del material hasta su superficie. Después cruza hacia el acero o hacia el material con el que está construido el molde.


A partir de ahí todavía no ha llegado al agua.

La energía debe continuar atravesando el cuerpo metálico del molde hasta alcanzar alguno de los canales de enfriamiento. Solo entonces pasa a través de la pared del canal y finalmente al agua que circula por su interior.


El recorrido puede resumirse así:

polímero → superficie de la cavidad → cuerpo del molde → canal de enfriamiento → agua → sistema de control térmico.



Cada tramo ofrece una resistencia al movimiento del calor.

Si una sección de plástico es muy gruesa, aumenta la distancia que debe recorrer el calor dentro del polímero. Si el canal está demasiado lejos de la cavidad, aumenta la distancia que debe atravesar por conducción dentro del molde. Y si el agua circula lentamente o se ha calentado demasiado, disminuye la capacidad de retirar energía en la última parte del recorrido.


Esto ayuda a comprender por qué la temperatura de suministro del chiller es solamente una de las variables.


Podemos tener agua a una temperatura perfectamente adecuada y continuar observando un punto caliente si el canal se encuentra demasiado lejos de esa zona. Del mismo modo, un diseño de canales correcto puede perder desempeño si existe poco caudal, depósitos internos o una distribución hidráulica desigual entre circuitos.


Desde la perspectiva del sistema completo, el agua funciona como el medio que transporta el calor fuera del molde. Absorbe energía en los canales, aumenta su temperatura y regresa al sistema donde esa energía será retirada nuevamente.


Por eso, técnicamente, el chiller no enfría directamente el conector.

Lo que hace es mantener en condiciones al fluido encargado de recibir y transportar el calor que previamente tuvo que atravesar el polímero y el molde.


Esta cadena es importante porque ayuda a diagnosticar problemas con mayor precisión. Cuando una pieza tarda demasiado en enfriarse, no siempre debemos buscar la causa únicamente en el equipo frigorífico. La limitación puede encontrarse en cualquier punto del camino que sigue el calor.


9. Caudal, temperatura y turbulencia: el agua también tiene que circular correctamente

Una vez que el calor alcanza los canales del molde, todavía necesitamos transferirlo al agua de manera eficiente.


Para hacerlo no basta con que el fluido esté frío. También tiene que circular con suficiente velocidad para transportar continuamente la energía que recibe de las paredes del canal.


Si el agua se desplaza muy lentamente, la capa de fluido que se encuentra junto a la superficie metálica puede calentarse y permanecer relativamente estable. Esa condición actúa como una resistencia adicional a la transferencia térmica. Cuando el flujo aumenta y se vuelve turbulento, existe una mezcla mucho mayor entre las diferentes capas del fluido y el calor puede transportarse con mayor eficacia.


Aquí aparece el número de Reynolds, una relación utilizada en mecánica de fluidos para estimar si el flujo se encuentra en régimen laminar, de transición o turbulento. En términos prácticos, depende del diámetro del canal, la velocidad del agua y propiedades como su viscosidad.


No necesitamos calcular Reynolds durante cada ciclo de producción, pero el concepto nos ayuda a entender por qué dos moldes alimentados con agua a la misma temperatura pueden comportarse de manera muy diferente.


Si uno recibe suficiente caudal para mantener una circulación turbulenta y el otro trabaja con caudal insuficiente, la capacidad para retirar calor de la superficie de los canales no será la misma.


También es importante no caer en el extremo contrario.

Más caudal no significa automáticamente mejor enfriamiento sin límite.

Una vez alcanzado un régimen suficientemente turbulento, continuar aumentando el caudal produce mejoras cada vez menores en transferencia de calor, mientras que la bomba necesita vencer pérdidas de presión cada vez mayores. En canales pequeños, largos o con múltiples cambios de dirección, esa pérdida puede volverse considerable.


Por eso temperatura, caudal y presión deben analizarse juntos.


Un circuito puede tener agua suficientemente fría y aun así recibir un caudal demasiado bajo. Otro puede recibir mucho caudal, pero presentar una diferencia de temperatura mínima porque el agua está circulando por una zona que no coincide con el punto crítico del molde.


También debemos considerar la forma en que los circuitos están conectados. Cuando varios moldes o canales reciben agua desde un mismo cabezal, la distribución hidráulica puede provocar que algunos caminos reciban mayor caudal que otros.


En estos casos, medir únicamente la temperatura general de suministro puede ocultar el problema.


La pregunta correcta es más completa:

¿Estamos entregando a cada circuito la temperatura, el caudal y la presión que necesita para transportar correctamente el calor del molde?

Solo entonces podemos evaluar si el sistema de refrigeración está haciendo realmente su trabajo.


10. Circuitos convencionales: cuando el taladro no puede llegar al punto caliente

Durante décadas, la manera más habitual de fabricar los circuitos de enfriamiento de un molde ha sido mediante perforaciones rectas mecanizadas en el bloque de acero.


Es un método robusto, relativamente sencillo de fabricar y suficiente para una enorme cantidad de aplicaciones. Los barrenos pueden conectarse entre sí mediante tapones, desviaciones y diferentes arreglos para crear los circuitos por donde circulará el agua.


El problema aparece cuando la geometría de la pieza deja de ser sencilla.

Un taladro solamente puede avanzar en línea recta. No puede curvarse alrededor de una cavidad, seguir la forma de un núcleo o rodear una zona profunda del molde. Por eso el diseñador debe colocar los canales donde físicamente sea posible mecanizarlos sin comprometer otros componentes de la herramienta.


En piezas de geometría relativamente uniforme esto puede funcionar perfectamente.

Pero en un conector eléctrico podemos encontrar núcleos estrechos, alojamientos profundos, cambios de espesor y zonas alrededor de terminales donde resulta difícil acercar un barreno convencional. El canal termina pasando más lejos de una región que genera o retiene más calor y aparece una diferencia de temperatura respecto del resto de la cavidad.

Ahí nace uno de los llamados puntos calientes del molde.


El problema no es necesariamente que el agua esté demasiado caliente. Puede ser que el agua simplemente esté demasiado lejos.

Esta distinción es fundamental desde el punto de vista del diagnóstico. Si una zona de la pieza permanece caliente porque el circuito de refrigeración está lejos de ella, instalar un chiller de mayor capacidad puede bajar la temperatura general del sistema, pero no necesariamente corregirá la diferencia entre esa zona y el resto de la herramienta.


Incluso existe el riesgo de enfriar demasiado las regiones que ya trabajaban correctamente mientras el punto crítico continúa presentando dificultades.


Por eso, cuando un molde tiene problemas térmicos recurrentes, conviene analizar la distribución de temperaturas y preguntarnos si los canales realmente siguen las necesidades geométricas de la pieza.


En algunos casos será posible mejorar la situación modificando circuitos, balanceando caudales o incorporando elementos como baffles y bubblers para acercar el agua a determinadas zonas. En otros, la propia geometría puede requerir soluciones más avanzadas.


Y aquí llegamos a una de las tecnologías más interesantes del moldeo moderno: los canales conformados o conformal cooling.


A diferencia de un barreno recto, estos circuitos pueden diseñarse para seguir de manera mucho más cercana la geometría de la cavidad. Pero antes de presentarlos como una solución universal, tendremos que entender qué problema resuelven realmente, qué ventajas ofrecen y por qué un mejor diseño del molde puede resultar tan importante como tener suficiente capacidad frigorífica.


11. Conformal cooling e insertos conductores: acercar el enfriamiento al problema

Cuando los canales convencionales no pueden acercarse suficientemente a una zona crítica, existen otras maneras de reducir la distancia que debe recorrer el calor. Una de las más interesantes es el conformal cooling, o enfriamiento mediante canales conformados.


A diferencia de los circuitos tradicionales, que normalmente se construyen mediante perforaciones rectas, los canales conformados pueden seguir con mayor libertad la geometría de la cavidad. Esto permite rodear determinadas formas, acercarse a superficies complejas y mantener una distancia más uniforme respecto de la pieza. Autodesk describe precisamente esta tecnología como una forma de realizar una extracción localizada de calor mediante geometrías de refrigeración que siguen los contornos de la pieza.


En un conector eléctrico esta posibilidad puede resultar interesante alrededor de núcleos estrechos, alojamientos profundos o zonas donde el espesor cambia considerablemente. Si el canal puede mantenerse más próximo a esas regiones, el calor encuentra un camino más corto hacia el agua y existe mayor posibilidad de reducir las diferencias de temperatura entre distintas áreas del molde.


Pero eso no significa que un molde con conformal cooling sea automáticamente mejor o que vaya a reducir el tiempo de ciclo en un porcentaje determinado. El resultado depende de la geometría, el material, el caudal, la temperatura del refrigerante, la distribución de los canales y las condiciones reales de producción. Por eso sería incorrecto convertir cifras encontradas en estudios particulares en una promesa general para cualquier molde.


También existen situaciones en las que no podemos colocar un canal directamente en el punto que necesitamos, pero sí podemos facilitar el camino del calor utilizando un material con mayor conductividad térmica. Algunas aleaciones de cobre utilizadas en moldes se emplean precisamente como insertos o elementos de refrigeración en zonas críticas. AMPCOLOY 83, por ejemplo, se comercializa para insertos y herramientas de moldeo y presenta una conductividad térmica nominal de 106 W/m·K; otras aleaciones de la misma familia alcanzan valores todavía mayores.


La idea física es relativamente sencilla. Si el agua no puede acercarse suficientemente a un punto caliente, podemos intentar mejorar el material por el que debe viajar el calor antes de llegar al circuito de enfriamiento.


Esto abre varias posibilidades de diseño. En algunos moldes puede ser suficiente mejorar los canales convencionales; en otros pueden utilizarse baffles, bubblers o insertos conductores; y en geometrías más complejas puede justificarse un circuito conformado fabricado mediante manufactura aditiva.


Lo importante es no perder de vista el problema original. No estamos buscando la tecnología de molde más sofisticada, sino el camino más eficiente para llevar el calor desde la pieza hasta el refrigerante.


12. El molde y la inyectora no necesariamente necesitan el mismo enfriamiento

Hasta ahora hemos concentrado la atención en la cavidad y en el circuito que retira calor de la pieza. Pero una inyectora puede tener otros componentes que también necesitan controlar su temperatura, y no necesariamente trabajan bajo las mismas condiciones que el molde.


Esto resulta especialmente claro en máquinas hidráulicas. Mientras el molde necesita mantenerse dentro de una ventana térmica determinada por el polímero y por la calidad que buscamos en la pieza, el aceite hidráulico tiene otra función y otra temperatura de operación. Mezclar ambas necesidades como si fueran una sola puede llevar a seleccionar incorrectamente el sistema.


Pensemos en un PA66 reforzado cuyo fabricante recomienda un molde alrededor de 80 °C. Sería difícil justificar que ese mismo criterio térmico se aplique directamente al circuito encargado de retirar calor del aceite hidráulico. Estamos hablando de dos sistemas diferentes que simplemente coinciden dentro de la misma máquina.


Por eso, desde el punto de vista de ingeniería, conviene separar las cargas.

El circuito del molde debe atender la transferencia de calor procedente del polímero y mantener la herramienta dentro de su rango de operación. El circuito hidráulico, cuando existe, debe mantener el aceite dentro de las condiciones recomendadas para conservar viscosidad, lubricación y desempeño del sistema.


En determinadas instalaciones, el aceite puede transferir su calor hacia un circuito de agua mediante un intercambiador aceite–agua. Después debemos decidir qué hacemos con esa agua caliente. Si la temperatura ambiente permite rechazar el calor directamente, puede utilizarse un termoconvector o Dry Cooler; si necesitamos mantener una temperatura inferior a lo que permite el ambiente, puede ser necesaria refrigeración mecánica. Este mismo principio de circuito indirecto ya se utiliza en otras aplicaciones hidráulicas industriales.


Esto también aclara el papel de los termoconvectores INENMEX. Los equipos IEMTCA son soluciones agua–aire: reciben el calor mediante un circuito de líquido y lo rechazan al ambiente utilizando aire, sin el consumo continuo de agua por evaporación característico de una torre.


Por tanto, no deberíamos decir simplemente que un Dry Cooler “enfría el aceite de la inyectora”. Técnicamente es más correcto hablar de un sistema donde el aceite puede entregar su calor a un circuito de agua mediante un intercambiador y, posteriormente, ese circuito rechaza la energía mediante el termoconvector.


La diferencia parece pequeña, pero ayuda a entender el sistema completo y evita seleccionar una tecnología pensando únicamente en el nombre del equipo que queremos enfriar.


13. ¿Dónde entra un chiller INENMEX?

Después de entender el material, el molde, los puntos calientes, los canales y el comportamiento del agua, finalmente podemos preguntarnos dónde tiene sentido un chiller.

Su función es proporcionar capacidad de enfriamiento al circuito y mantener el fluido dentro de unas condiciones controladas. Pero, como vimos anteriormente, eso no significa que el agua de salida del chiller tenga que entrar directamente al molde a la misma temperatura.


Los equipos IEMIAHD de INENMEX cubren capacidades de 1.5 a 15 TRN y pueden instalarse a pie de máquina o a distancia. La ficha comercial publicada por INENMEX especifica una temperatura nominal de salida de agua de 7 °C.  Esto puede resultar útil en aplicaciones dedicadas donde una celda o grupo pequeño de máquinas necesita su propia fuente de agua fría.


Sin embargo, si un determinado PA66 necesita mantener el molde alrededor de 80 °C, el hecho de que el chiller produzca agua a 7 °C no significa que debamos enviarla directamente a la herramienta. Puede existir un circuito de control de temperatura, mezcla, intercambio o regulación que utilice esa capacidad frigorífica para mantener la condición realmente requerida por el proceso.


Esta distinción es fundamental: la temperatura nominal del chiller y la temperatura requerida por el molde no son necesariamente la misma variable.


Cuando una planta opera varias inyectoras simultáneamente, puede resultar más conveniente trabajar con un sistema centralizado. La línea INENMEX IEMIAH cubre capacidades de 20 a 60 TRN y la serie IEMIAS de 20 a 160 TRN, esta última planteada precisamente para instalaciones de mayor capacidad y distribución centralizada.  La investigación inicial de Gemini también distingue entre celdas dedicadas y baterías de inyectoras alimentadas desde un sistema común.


Ninguna de las dos configuraciones es automáticamente superior.

Un sistema dedicado puede facilitar el control individual de una máquina o aplicación particular. Un sistema centralizado puede concentrar la generación de agua fría y atender varias líneas desde una misma instalación. La decisión dependerá de la simultaneidad de operación, temperaturas necesarias, distribución hidráulica, capacidad futura, redundancia y forma en que la planta administra su producción.


Y hay algo que conviene reiterar: el chiller no puede compensar cualquier problema del molde. Si un canal está obstruido, existe una distribución hidráulica deficiente o un punto caliente está demasiado lejos del circuito, aumentar las toneladas de refrigeración puede no resolver la causa.


Por eso el chiller debe seleccionarse después de entender el sistema térmico, no antes.


14. ¿Cómo se dimensiona realmente el sistema de enfriamiento?

Una de las preguntas más frecuentes en inyección de plástico es: “Tengo una inyectora de 150 toneladas, ¿qué chiller necesito?”



La fuerza de cierre ayuda a describir la máquina, pero no nos dice directamente cuánto calor tenemos que retirar.

Dos inyectoras con el mismo tonelaje pueden procesar materiales diferentes, fabricar piezas con pesos distintos, trabajar con tiempos de ciclo diferentes y producir cantidades muy distintas de plástico por hora. Como resultado, sus necesidades de enfriamiento pueden ser completamente diferentes.


Desde el lado del proceso, necesitamos conocer cuánto polímero pasa por la máquina en una hora y cuánta energía debe perder antes de que la pieza pueda expulsarse. Esto depende del material, de la temperatura de la masa fundida, de su comportamiento térmico y de la temperatura que debe alcanzar durante el ciclo. También deben considerarse otras fuentes de calor cuando existan, como sistemas de colada caliente.


La investigación de Gemini propone precisamente calcular la remoción térmica a partir del flujo de polímero, su calor específico, el cambio de temperatura y, para polímeros semicristalinos, la energía asociada a su solidificación.  El principio es correcto, pero el cálculo definitivo debe utilizar datos del grado de resina realmente procesado y de las condiciones reales de la máquina.


Después viene la parte hidráulica.

No basta con determinar cuántos kilowatts o toneladas de refrigeración debemos retirar. Necesitamos comprobar que el agua puede llegar al molde con el caudal y la presión requeridos. Autodesk señala que el diseño debe considerar conjuntamente caudal, Reynolds, diámetro y longitud de los canales, presión disponible y distribución entre circuitos. También advierte que en arreglos paralelos los ramales pueden recibir caudales diferentes debido a sus distintas pérdidas de presión.


Además, el incremento de temperatura del agua a través del circuito aporta información sobre cómo está transportándose el calor. En sus ejemplos de análisis de moldes, Autodesk utiliza como referencia aumentos del refrigerante del orden de 2 a 3 °C para evaluar el comportamiento del circuito, aunque el valor adecuado debe determinarse para cada aplicación.


Por eso, para dimensionar correctamente una instalación necesitamos juntar las dos partes del problema: la térmica y la hidráulica.

Podemos tener suficientes toneladas de refrigeración y una bomba incapaz de vencer la pérdida de presión del molde. O podemos tener una bomba sobredimensionada y un chiller que no consiga retirar toda la energía que regresa con el agua.


También debemos considerar simultaneidad. En una planta centralizada, rara vez basta con sumar capacidades nominales de máquinas sin saber cuántas estarán funcionando al mismo tiempo, qué productos procesarán y si sus ciclos térmicos coinciden.


La tercera entrega de Gemini incluye un ejemplo de cuatro inyectoras y selecciona equipos específicos.  Ese ejercicio puede resultar útil como ejemplo ilustrativo, pero no deberíamos presentarlo como caso real ni convertir “3 TRN por inyectora” en una regla de selección.

El dimensionamiento correcto comienza reuniendo datos antes de seleccionar el equipo.


15. La temperatura más baja no siempre produce la mejor pieza

Después de hablar durante todo el artículo de retirar calor, puede parecer contradictorio terminar diciendo que enfriar demasiado también puede convertirse en un problema.

Pero precisamente ahí está una de las diferencias entre refrigeración industrial y control térmico de proceso.


Nuestro objetivo no es conseguir la menor temperatura posible. Queremos que el molde se mantenga dentro de una ventana que permita llenar correctamente la cavidad, conseguir el acabado y las dimensiones requeridas, solidificar la pieza de manera uniforme y expulsarla dentro de un tiempo de ciclo razonable.


Si reducimos excesivamente la temperatura del molde, podemos alterar el comportamiento de solidificación y contracción del polímero. En determinados materiales semicristalinos también podemos afectar el desarrollo de la estructura que necesita la pieza. Por eso los fabricantes de resina publican temperaturas de molde recomendadas y no simplemente una indicación de “utilice el agua más fría disponible”.


Del otro lado, trabajar demasiado caliente prolonga el tiempo necesario para alcanzar la condición de expulsión y puede aumentar las diferencias térmicas entre regiones gruesas y delgadas.


El punto adecuado está entre ambos extremos.

Lo mismo ocurre con el caudal. Un flujo demasiado bajo perjudica la transferencia térmica, pero llevar cada circuito al máximo caudal posible tampoco representa necesariamente una mejora proporcional. Autodesk señala que, una vez alcanzado un régimen turbulento adecuado, el incremento adicional de caudal ofrece rendimientos decrecientes mientras aumenta de manera importante la potencia necesaria para bombear.


Por eso una buena instalación no debería evaluarse únicamente por el número de toneladas del chiller o por la temperatura que marca su controlador.


Tenemos que observar el sistema completo: temperatura del molde, uniformidad térmica, caudal, presión, diferencia entre suministro y retorno, tiempos de ciclo y, finalmente, calidad dimensional de las piezas.


Podemos resumirlo de una manera sencilla:

en moldeo por inyección, enfriar mejor no significa necesariamente enfriar más. Significa retirar el calor correcto, del lugar correcto y a la velocidad que necesita el proceso.


16. Hablemos de tu proceso de inyección

Cuando una línea comienza a presentar tiempos de enfriamiento elevados, deformaciones o problemas de estabilidad térmica, la solución no debería comenzar preguntando únicamente de cuántas toneladas necesita ser el nuevo chiller.


Primero necesitamos identificar dónde se encuentra la limitación.

Puede faltar capacidad frigorífica, pero también podemos estar frente a un problema de caudal, presión, distribución hidráulica, incrustaciones, temperatura incorrecta para la resina o simplemente una zona del molde a la que el circuito de enfriamiento no consigue llegar adecuadamente.


Por eso una evaluación preliminar debería comenzar con información del proceso. Saber qué pieza se fabrica y qué grado de polímero se utiliza nos permite entender las condiciones de moldeo recomendadas. Conocer el peso de la pieza y de la colada, los kilogramos procesados por hora, el número de cavidades y el tiempo de ciclo nos ayuda a estimar la energía que debemos retirar.


Después necesitamos conocer el circuito: temperatura actual de entrada y retorno, caudal disponible, diámetro de conexiones, presión, número de circuitos del molde y si trabajan en serie o en paralelo. Si existen varias máquinas conectadas a una instalación central, también necesitamos saber cuántas funcionan simultáneamente y bajo qué condiciones.


Con esta información podemos comenzar a distinguir si la necesidad está en el molde, el circuito hidráulico o la capacidad del sistema de enfriamiento y, a partir de ahí, evaluar si la solución requiere un chiller dedicado, una instalación centralizada, un intercambiador, un termoconvector o simplemente una corrección en las condiciones existentes.


Antes de seleccionar un equipo, vale la pena responder una última pregunta:

¿el problema es que no tenemos suficiente frío o que el calor no está llegando correctamente hasta donde podemos retirarlo?


Esa diferencia puede cambiar por completo la solución.



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